¿Puede un filósofo retro cambiar el futuro del prog rock? The Vintage Caravan y Åkerfeldt provocan un terremoto sonoro en septiembre
Estamos en julio de 2025, en algún lugar entre un vinilo girando y una cinta analógica calentándose en los cabezales de un viejo magnetófono Revox. Suena “Philosopher” y algo se abre en el aire, como una puerta secreta en la memoria. The Vintage Caravan, esos islandeses con alma de carretera polvorienta y garage setentero, han hecho lo impensable: convocar la voz de Mikael Åkerfeldt para atravesar el tiempo y grabar una joya melancólica en pleno auge de la psicodelia moderna. Y no, no hay growls, ni solos inhumanos. Lo que hay es verdad, una colaboración tan prometedora que huele a clásico antes de nacer.
“Philosopher” no es solo la primera pista del nuevo álbum Portals (que saldrá el 26 de septiembre de 2025 vía Napalm Records), es también un manifiesto: aquí se juntan dos generaciones de brujos sonoros para demostrar que el retro-prog rock no ha muerto, solo estaba soñando. Lo que ocurre entre los surcos de esta canción —y de todo el disco— no es nostalgia. Es otra cosa. Algo más cercano a un conjuro futurista hecho con materiales antiguos, como cuando un niño encuentra una radio a válvulas y en vez de tirarla, la enciende… y escucha.
Un cruce de caminos entre Opeth y Islandia
La historia de esta unión empieza, como muchas grandes historias del rock, en la carretera. Entre 2022 y 2024, The Vintage Caravan telonea a Opeth en varios países de Europa. Lo típico: backstage, cervezas tibias, pedales intercambiados. Pero también algo que no es tan típico: una conexión real. Aquel extraño equilibrio entre el fuego joven de Óskar Logi y la introspección elegante de Åkerfeldt no tarda en cuajar.
En octubre de 2024, la banda alquila Arda Recorders, un estudio en Porto con pinta de catedral para freaks del sonido crudo. Allí graban todo el disco en cinta analógica, con su productor de confianza Axel “Flexi” Árnason. Y mientras dan forma a una canción que aún no tenía nombre, llega un mensaje de Mikael: una nota de voz con una melodía barítona que suena a súplica y a mantra.
Días después, Åkerfeldt aterriza en Portugal y graba su parte en una sola noche. Lo hace sin guturales, sin artificios, buscando lo que él mismo definirá más tarde como un “crooner prog con aire setentero”. Hay magia en esa sesión. Y nadie lo dice, pero todos lo saben: esto no es un featuring, es una alianza.
«No se trata de mirar atrás, sino de usar el pasado como lanzadera»
Entre portales y fases lunares
El álbum se llama Portals por una razón. Está dividido en capítulos instrumentales —cinco “portales”— que funcionan como pasajes hacia otras texturas, otros tiempos. Justo después de “Philosopher” suena “Portal I”, y entonces entiendes que estás entrando en un lugar con reglas distintas. Los sonidos no se acumulan: flotan. Se abren como si la cinta misma estuviera viva y respirara por los altavoces.
La decisión de grabar directo a cinta no es caprichosa. Lo hacen en cinta Ampex de 2”, luego digitalizan a 96kHz para añadir overdubs. Buscan ese grano rugoso pero preciso, como el de los discos de Deep Purple en su era más cruda. Para darle más cuerpo, pasan las baterías por saturadores Neve, y cuando llegan los interludios, suman grabaciones de campo del puerto de Porto —gaviotas, motores, voces lejanas— que transforman en texturas granulares al estilo Boards of Canada. No hay aquí un afán por lo perfecto: hay una obsesión por lo auténtico.
La mezcla final es un híbrido entre lo analógico y lo digital. Los Moogs arpegiados suenan como si fueran grabados en la nave de Klaus Schulze, mientras las guitarras fuzz se arrastran como babosas cósmicas salidas de un LP de Hawkwind. Todo se mueve, todo vibra. Esto no es producción, es alquimia.
El efecto Åkerfeldt: un nuevo barítono para el prog
Pero volvamos a Mikael, porque su voz no es solo una firma: es una declaración. Aquí no canta como en Ghost Reveries ni como en Watershed. Aquí suena suave, contenido, casi soul. Sus versos flotan, y cuando entra el estribillo, lo toma Óskar Logi con un rugido psicodélico que remite al Sabbath más denso. La fórmula funciona: versos cálidos, estribillos afilados. Un juego de espejos vocal que recuerda a duetos jazz, pero con pedales fuzz y batería a tumba abierta.
En cuanto a la estructura armónica, Åkerfeldt propone progresiones modales que sacan a Caravan de su zona de confort. Ya no estamos solo en terreno stoner o retro blues. Ahora hay fugas canterburyanas, curvas a lo Gentle Giant, guiños a Heritage y líneas de bajo que parecen compuestas por un Zappa islandés en ácido.
Y la letra… ah, la letra. «We are portals to ourselves» dice Mikael, y uno no puede evitar pensar en el bucle que une estos mundos: el pasado, el presente y ese futuro vintage que Caravan está ayudando a construir. Hay filosofía, claro. Pero también una ternura que sorprende en un tipo que ha cantado sobre la muerte más veces que Baudelaire.
«El futuro será retro o no será»
Origen: Metallized.it
Ecos de otras galaxias stoner y colaboraciones cruzadas
La de Caravan y Åkerfeldt no es la única unión psicodélica de esta década. En 2021, Elder y Kadavar parieron Eldovar, una gema confinada con sabor berlinés. En 2024, Elephant Tree y Lowrider firmaron The Long Forever, mientras que Brant Bjork y Nick Oliveri (como Stöner) siguen sacando discos que huelen a desierto y a gasolina.
Hay un patrón aquí: músicos de generaciones distintas, de escenas paralelas, que se juntan no solo para grabar, sino para construir mitologías sonoras. Es la era de la colaboración futurista entre generaciones del prog, y Portals se suma al mapa con ambición, sin miedo a ser demasiado clásico ni demasiado marciano.
Ediciones para amantes de lo tangible
Claro, también está el objeto. Porque este disco no se entiende sin su fetichismo físico. Habrá edición digipak con libreto de 20 páginas, dos versiones en vinilo (el «Blood Moon splatter» y el «Portal Verde», este último solo para coleccionistas), una cassette cromada negra con tampografía plateada, y versión hi-res digital 24-bit para puristas del FLAC.
La joya de la corona: las ediciones limitadas incluyen slipmat exclusivo, record-butler y patch bordado. Un delirio para melómanos y coleccionistas que saben que no todo cabe en un playlist.
Como se indica en la web oficial de Napalm Records, hay formatos para cada perfil de oyente.
¿Y si el futuro fuera un bucle de cinta?
La gira europea ya está en marcha, y los rumores apuntan a una aparición conjunta en directo entre Caravan y Åkerfeldt para finales de otoño. Lo imagino ahora: luces cálidas, olor a incienso barato, una cinta girando en un TEAC de los setenta mientras la voz de Mikael desgarra el alma del público sin levantar el tono.
En mi tocadiscos, la aguja ya está bajando otra vez. Vuelve “Philosopher” y siento algo que no sentía desde hace años: asombro. No por lo nuevo, sino por la capacidad del rock de hablar con su propio pasado sin parecer un viejo borracho en una barra de bar.
¿Y si el rock progresivo no estuviera destinado a morir en museos ni a ser domesticado por algoritmos? ¿Y si justo ahora, en este preciso momento, estuviéramos cruzando uno de esos portales del título?
Porque a veces, los futuros más prometedores se esconden en las cintas más antiguas.

